Lo que nos pasa cuando idealizamos la maternidad/paternidad

Una madre sonriendo, con el padre observando a su lado, da el pecho a su hijo. Todos se ven bien, felices. Luego la guagua se duerme, salen a pasear a un día soleado en el coche y al regreso, el baño y a dormir toda la noche. Parece lindo ¿no? Pero, ¿qué tan real es?
Muchas mamás y papás leemos y estudiamos todo tipo de libros sobre la maternidad, creándonos una idea mental de ésta. En cierto modo está muy bien querer informarnos para estar lo más preparados posibles, pero, por otra parte, en base a lo que vemos y leemos idealizamos la vida después del nacimiento de ese hijo o hija.
¿Qué pasa con nosotros como padres con esto? Nos frustramos; porque la guagua llora más de la cuenta (según nosotros), no hace caca y/o pipí las veces que “debiera”, duerme mucho o poco, no se agarra bien al pecho, entre muchas otras cosas que finalmente nos llevan a una misma pregunta: ¿Lo estaremos haciendo bien? Claro, porque no es como se veía en esas preciosas imágenes y videos que vimos una y otra vez.

Además, está lo que esto le genera a nuestros hijos o hijas: ansiedad y estrés. Pero ¿por qué? Porque ponemos las expectativas de esa idealización en ellos, esperando que se comporten de una forma, eligiendo ignorar que cada guagua es un mundo, por ende, cada familia también, y debemos vivirlo como tal.

Ahora, ¿cómo superar esto?

Debemos entregarnos por completo a nuestros hijos/as, dejar que ellos vayan guiando este proceso y nosotros tomar las decisiones en base a eso, porque lo mejor para él o ella sólo lo saben sus padres a través del instinto. Esta vez la guagua es el maestro y no hay quien te pueda enseñar mejor a ser papá o mamá que él o ella.
El tiempo y las circunstancias dirán qué tan bien lo estamos haciendo; tu hijo/a mostrará sus gratificaciones, te regalará sonrisas, calma cuando percibas bien el mensaje de su llanto, fluidez en el día a día. Sabrán comunicarse tan bien que todos esos consejos de la tía, prima, abuela, libro o revista quedarán a un lado y comenzarán a vivir el “ma/paternaje” a su manera, felices, cómodos.

Entonces, por más que leamos, escuchemos, miremos, lo que sucede de la puerta hacia adentro de nuestras casas depende de nosotros y la manera en que decidimos vivir la vida familiar, idealmente en un clima dado por el conocimiento mutuo entre los integrantes. En un ambiente así encontraremos una guagua contenida y amada, reconocida como un ser humano individual, único e incomparable.

¡Los y las invito a despojarse de toda idea preconcebida y a seguir el instinto, a disfrutar de esta experiencia maravillosa de traer un nuevo ser al mundo!

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