VIH y SIDA durante el embarazo

En la actualidad, se han diagnosticado aproximadamente a más de 100.000 mujeres en edad reproductiva con el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA).

Respecto al VIH 34 millones de personas a nivel global conviven con el virus, sin embargo gracias a la gran disponibilidad de fármacos las tasas de transmisión e infección han ido disminuyendo.

Aproximadamente un 20% de los bebés con VIH/SIDA quedan expuestos a la infección en el embarazo o parto y entre un 14 – 21% durante la lactancia.

¿Cuáles son las consecuencias de padecer VIH/SIDA en el embarazo?

Existe compromiso de las funciones del sistema inmune, además de parto prematuro, retraso en el crecimiento a nivel fetal y bajo peso al nacer que si bien aumentan en mujeres con esta enfermedad, están mayormente asociados a condiciones de pobreza, carencia de alimentos, malnutrición y presencia de otras infecciones.

Como mencionamos anteriormente, el VIH/SIDA está relacionado con un estado nutricional deficiente debido a la pérdida de nutrientes y a la presencia de malabsorción de grasas a causa de la diarrea, por otro lado la respuesta inflamatoria a la infección ocasiona la pérdida de masa muscular magra, además se hace manifiesta la pérdida de calcio en huesos con la consecutiva reducción de la densidad ósea.

Debido al compromiso del sistema inmune y su disminución aún mayor durante el período del embarazo, las mujeres que padecen esta enfermedad pueden experimentar infecciones de transmisión alimentaria en la gestación, las cuales pueden reducirse con la eliminación del consumo de: carnes crudas o mal cocidas, frutos del mar, productos lácteos y miel no pasteurizados, además de buenas prácticas de manipulación de alimentos en el hogar.

En cuanto a las intervenciones nutricionales es imperante la mediación respecto a la modificación de patrones alimentarios insalubres e ingesta de agua potable por parte de la madre, evitar el consumo de altas cantidades de nutrientes que pueden resultar perjudiciales como la vitamina A, vitamina D y hierro debido a que pueden aumentar la replicación y eliminación del virus a través de las secreciones vaginales.

También podemos mencionar una adecuada ingesta calórica a través de una alimentación saludable y consumo de ácidos grasos esenciales y proporcionar un adecuado tratamiento para la deficiencia de hierro, ingesta adecuada de vitamina C y suplementación de hierro que no exceda los 27 mg/día, entre otros, todo bajo la oportuna orientación de un profesional de la salud.

La invitación siempre es a cuidarse y contar con el apoyo de un profesional que pueda acompañar esta enfermedad, que no es mortal y es totalmente manejable. ¡A romper los estigmas!

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