Enemigos en la crianza: cuando mamá y papá educan distinto y el daño emocional a los hijos

Si la maternidad es uno de los roles más difíciles de las mujeres, vivirla sin pareja, ya sea por opción, separación o porque así se dio, es un camino arduo de recorrer, con maravillosas recompensas pero con grandes lecciones: permitir que el padre opine y participe en la crianza es una de ellas.

Es común escuchar a las madres decir yo puedo ser mamá y papá a la vez, o él se desligó, o la ve tan poco, yo la parí, yo lo crío, yo decido…

Y es que claro, hay casos donde muchos hombres merecen tener un altar a la falta de inteligencia emocional, pero, sin embargo, los niños y niñas necesitan de sus padres, nos guste o no, y si el padre lo ve, si hay relación es importante que podamos conversar y negociar los puntos más relevantes de la crianza, porque los niños y niñas necesitan padres y madres que sean consecuentes, ambos, y que ojalá ambos tengan las mismas reglas generales en cada casa.

No sirve de mucho que mamá, por ejemplo, practique en casa la crianza respetuosa para contener las pataletas, explicando, conversando, conteniendo y cambiando el foco, si papá los fines de semana ocupará el time out y lo mandará a su habitación, pero tampoco sirve que papá se esfuerce en casa para que su hijo se coma toda la comida y mamá cocine cinco platos distintos para ver cuál comerá el pequeño.

En los padres separados como en los que viven juntos es importante que ambos sean equipos y que los hijos sepan que mamá y papá opinaran igual sobre ciertos temas, pues aquello les brinda seguridad, ya que la reacción de uno y otro ante determinada situación es predictible y dado que ambos- generalmente- son sus figuras de apego más significativas necesitan ver armonía y no conflicto.

Y sí, ustedes dirán que el camino no es fácil, que muchas veces las diferencias son intransitables, pero lo cierto es que criar es negociar, transar, conversar por y para los hijos, aquí no se trata de una competencia entre papa y mamá de quién lo hizo mejor o peor, sino que los niños sepan que a pesar de no ser pareja, a pesar de no vivir juntos, ambos pudieron poner el amor se sus hijos y su bienestar psicoemocional por sobre sus desacuerdos.

No hay peor herencia para un niño/a que vivir entre la lucha tácita o expresa de sus padres por decidir quién cría mejor y enrostrar al otro su error, no olvidemos que a pesar de toda la rabia que pueda existir entre los padres como adultos, ellos se eligieron más o menos conscientemente para ser pareja (aunque haya sido solo una noche) y ambos son responsables de esa elección. El llamado es a centrarse en las semejanzas y por sobre todo en la felicidad de los niños y niñas y negociar, vivir en armonía y elegir qué batallas dar y cuáles simplemente dejar pasar.

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