Desarrollo emocional de nuestros hijos

La primera infancia es el momento más importante de la vida, en donde niños y niñas comienzan a internalizar valores, desarrollar actitudes, formar su personalidad, y los adultos a cargo, cumplimos un rol fundamental en el desarrollo de estas tareas. Durante los primeros años de vida, los niños y las niñas necesitan “aprender a expresar sus emociones y a ser receptivos a los sentimientos de los demás”. Para que esto ocurra, es necesario que alguien les enseñe y les propicie la oportunidad para hacerlo, de lo contrario no tendrán referente para desarrollarse en esta área.

Saber expresar nuestros sentimientos (alegría, tristeza, amor, miedo, enojo, entre otros) es fundamental para el bienestar emocional personal y para relacionarnos con otros, puesto que permite establecer relaciones verdaderas y profundas con quienes nos rodean.

Milicic (1991) señala que durante el transcurso de la vida emocional es preciso promover el desarrollo de conductas polares, es decir, favorecer el desarrollo de conductas que entre sí, permiten el equilibrio emocional, por ejemplo: promover la libertad junto con el autocontrol o el sentido del humor junto al respeto. De este modo, el alcanzar el equilibrio emocional brindaría mayores posibilidades de estar alerta a mensajes sutiles tanto del mundo interno como del externo, permitiendo que niño y niña crezcan con un sentimiento de armonía, respeto por sí mismo y por los demás.

La misma autora, en el libro “Creo en ti” (2001), señala características esenciales en un buen desarrollo emocional de niños y niñas:

  • Tener una buena imagen personal y, por lo tanto, una buena autoestima
  • Tener competencia y confianza en sí mismo frente a los desafíos escolares
  • Tener una actitud creativa frente a la realidad
  • Ser consciente de las habilidades que se tienen y de las áreas en que se desea cambiar
  • Ser empático, es decir, relacionarse con los demás, entendiendo sus emociones, sus estados de ánimo y sus expectativas
  • Tener un apropiado nivel de autoexposición, es decir, ser capaz de mostrar lo que se piensa o se siente
  • Encontrar soluciones apropiadas frente a situaciones conflictivas
  • Fijarse metas realistas y adecuadas a las propias capacidades
  • Tener una actitud activa frente a la realidad.

Dichas características están interrelacionadas entre sí, por lo cual, si una de ellas manifiesta un cambio, sea positivo o negativo, afectará directamente a las otras. Es nuestra labor como padres fomentar el desarrollo de estas características y propiciar un ambiente adecuado para que nuestros hijos tengan la libertad de expresar sus emociones de manera sana y natural.

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